
Hay momentos en la vida que no sabemos cómo nombrar.
No es una crisis evidente.
No es que todo se esté derrumbando.
Pero algo ya no encaja.
Lo que antes tenía sentido empieza a sentirse pequeño.
Las conversaciones cambian.
Las prioridades se mueven.
El trabajo deja de inspirar.
Las relaciones muestran grietas.
Y aparece una sensación incómoda:
“no sé qué me pasa”.
Lo que te pasa es más sencillo de lo que parece.
Estás en transición.
Y una transición no se resuelve haciendo más cosas.
Se resuelve entendiendo dónde estás, qué etapa estás cerrando y cuál está empezando. Comprendiendo el ciclo natural del desarrollo humano en el que estás. O la experiencia iniciatoria que aunque retante, te está indicando tu destino vital.
La mayoría de las personas intentamos solucionar esas transiciones con alguna acción impulsiva: cambiamos de trabajo sin claridad, rompemos relaciones sin comprensión o nos mudamos buscando alivio.
Pero cuando no entendemos cual es nuestro proceso interno, nada de eso funciona y acabamos repitiendo el mismo patrón en otro escenario -en otro trabajo, con otra pareja, o en otra ciudad.
Lo importante entonces es entender, indagar y comprender:
➢ De dónde vienes, quien eras antes, para poder orientarte hacia quien quieres ser.
➢ Qué traes como base, como aprendizaje de tus experiencias pasadas.
➢ Qué estás repitiendo, sin darte cuenta.
➢ Qué herramientas necesitas desarrollar ahora, de todas las que traes en tu mochila.
➢ Y hacia dónde se está moviendo tu energía, para dirigir con conciencia tus siguientes pasos.
Cuando todo eso se ve con claridad, algo se recoloca.
No desaparecen los retos.
Pero dejan de sentirse tan caóticos.
La vida empieza a tener dirección.
Y la dirección es mucho más poderosa que la motivación.
Te lleva al Propósito y al gozo de sentirte viva.
Así que si te encuentras sin dirección y sin rumbo, y no entiendes lo que te pasa, no te desanimes.
Quizá no necesites hacer más.
Quizá simplemente necesites alinearte mejor
— Lorena
LIS SOPHIA